miércoles, 21 de abril de 2010

Dramática Chilena Contemporánea
Luís Bárrales como sucesor de Juan Rodrigan.
(enviado el 19 de abril de 2010)

Dentro de los cultivadores del género dramático, más destacados de las últimas 3 décadas, en nuestro país, se encuentra necesariamente el nombre de Juan Radrigán, obras como: Testimonios de la muerte de Sabina (1979); Hechos Consumados (1981); El toro por las astas (1982); Made in Chile (1984); El pueblo del mal amor (1986); entre otras, lo ubican en un sitial altísimo en la construcción de la tradición literaria y teatral chilena. Centrado en el mundo de los de “abajo”, ha plasmado su origen y su mundo (popular) en cada una de sus obras, presentando conflictos propios de la sociedad chilena, en cuanto a la desigualdad y la marginación de los años 80.

La dramaturgia de Juan Radrigán habla de la marginalidad social. Sus personajes habitan un mundo económicamente precario, con pocas oportunidades para revertir su realidad cercana. Sin embargo, explora en las sensaciones humanas y, a través del diálogo de los protagonistas, entabla una comunicación directa entre la circunstancia desplegada en su obra y el espectador. De esta manera, las obras del autor consiguen educar al marginado señalando sus conductas alienantes y proponiendo nuevos caminos de crecimiento humano. Así, los temas fundamentales de sus textos son la defensa de la dignidad humana, la esperanza en un nuevo orden de relaciones sociales, la justicia social y la combatividad frente a la dura realidad.

Dentro del actual contexto (cultural, económico, político y social), las obras de Radrigán, pueden entenderse como el espejo de una sociedad azotada por la Dictadura Militar (1973-1989) y por vestigios de fenómenos como la migración campo ciudad, pero que se abordan, desde la perspectiva del lector, como pasados, e incluso superados, de hecho, la sociedad chilena no es la de Rafael y Sabina (protagonistas de su primera obra dramática, publicada en 1979). Es ahí, en ese agotamiento del tema clásico de este autor, desplazado por elementos exógenos a su escritura (temporal y social), en donde se puede apreciar su legado literario. Lo anterior, puesto que en esta década emerge una pluma que escribe desde el mismo mundo que él, pero graficando en sus obras las expresiones actuales de la marginalidad (la droga y la delincuencia), me refiero a Luís Barrales.

Barrales, hijo de este siglo en términos artísticos, nos presenta el mundo de los otros, de lo no oficial, de quienes llenan a menudo la crónica roja, con obras como: H. P (Hans Pozo, 2007); La Chancha (2008); Niñas Araña (2008); La mala clase (2009), entre otras. Su dramaturgia también enfrenta las realidades que chocan en la cotidianeidad de un país en busca del desarrollo económico, que ha ido dejando bajo esa pisada comercial, las huellas imborrables de la desigualdad y por ende de una nueva marginalidad.

La investigación, pretende afirmar o desmentir, la tesis que se ha planteado, en cuanto a que Barrales sería el Radrigán de nuestra época. Desde la comparación de discursos y mundos narrados, el estudio se basa en la aplicación de las estructuras literarias planteadas en términos generales por Félix Morales Bonati, por un lado; mientras que por otro, aplicando desde el planteamiento específico, al discurso dramático, de Juan Villegas – Interpretación y análisis del discurso dramático-.

Ítalo Bravo

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