lunes, 10 de mayo de 2010

2da versión. La presencia femenina en los cuentos de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges es uno de los más importantes escritores latinoamericanos, publicó ensayos, cuentos y poemas, destacándose principalmente en los ensayos. Pero esta investigación en particular abarcara solo una faceta de este gran autor, me refiero a su cuentística, específicamente a la que desarrolla en torno a la temática de las costumbres de Buenos Aires, esto es el compadrito, el gaucho y el arrabal, aspectos fundamentales de este tipo de cuentos. Es necesario aclarar que ésta sólo corresponde a sólo una línea de los cuentos de Borges que temporalmente refiere a la época argentina de 1875 y 1914 aproximadamente.
La investigación se establece en torno a los cuentos con la temática del compadrito y el arrabal, pero fundamentalmente al papel que desempeña la mujer en ellos. Numerosos artículos y reseñas han señalado la presencia de misoginia en este tipo de cuentos de Jorge Luis Borges, catalogando al autor de misógino, por el tratamiento que realiza a la presencia femenina en su cuentística, en la que el papel de la mujer se limita a ser un objeto, una adorno dentro de sus relatos, habitualmente el motivo de conflicto entre los protagonistas de las historias llegando a ser solo un trofeo que obtendrá el compadrito más fuerte, la mujer es degradada en su máxima expresión, su participación en los relatos por lo general es mínima.
Para ejemplificar lo anterior tomare tres cuentos de Borges en los que es posible apreciar la presencia femenina y su papel relegado dentro de la obra. El primero es “El hombre de la esquina rosada” que aparece en un volumen de cuentos llamado Historia Universal de la Infamia, el segundo “La Intrusa” uno de los cuentos del Informe de Brodie y el tercero “El Muerto”.
En los tres la presencia femenina es mínima y desconcertante. La pelirroja, en El Muerto, y la Lujanera en El hombre de la esquina rosada, son mujeres que carecen de autoridad, dóciles al hombre que resulta triunfador en una pelea. Ambas son un trofeo, un objeto transferible entre los compadritos del lugar.
En el caso de La Juliana en el cuento La Intrusa, su presencia constituye un obstáculo entre la relación de dos hermanos que la compartían, la mujer aquí es una pieza sin voluntad que refleja la situación atroz de las mujeres en un medio rural cargado de violencia. Juliana se configura dentro del cuento como una sirvienta: realiza los trabajos de los hermanos en la casa y además la utilizan sexualmente.
Con respecto a este cuento, Alicia Jurado, una de las biógrafas de Borges escribe: "Pocos relatos son más atroces que este magnífico cuento, que ninguna mujer puede leer sin indignación y horror”, con respecto también a la presencia femenina en estos cuentos del autor agrega "En muchos relatos no aparece ningún personaje femenino; en otros, pone a las mujeres en escena como un director teatral mandaría colocar un jarrón o una silla, porque agregan verosimilitud al ambiente, pero son borrosas o casuales o, a lo sumo, indiferenciadas y pasivas". Esto afirma el planteamiento inicial que indicaría la limitada participación de las mujeres en la cuentística borgiana.
El tema central es la masculinanidad y el machismo, lo que es impreciso es si Borges es misógino o sólo se limita a describir la estructura social que observa. En cuanto a este tema es necesario separar la ficción de la realidad del autor. Muchos críticos como dije anteriormente lo han catalogado de misógino, pero en realidad esta es una característica que no corresponde con la vida real del autor, en la que es muy dependiente de las mujeres, por una parte de su madre Leonor Acevedo y por otra su mujer Maria Kodama, ambas constituyen una influencia decisiva en la obra de Borges. Con esto es posible apreciar la abismante diferencia que se presenta entre los cuentos, que se deben entender como ficción que retratan la realidad no de él sino de “los compadritos” de Buenos Aires, y la realidad del autor que se aleja completamente de su cuestionada misoginia.

Carolina Alejandra Cáceres Belmar.

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